Semilla que dando su vida ha dado tanto fruto

Entrevista en “Excelsior” a Mons. Óscar Romero en Marzo 1980

“He sido frecuentemente amenazado de muerte.
Debo decirle que, como cristiano, no creo en la muerte sin resurrección. Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño.
Se lo digo sin ninguna jactancia, con la más grande humildad.
Como pastor, estoy obligado por mandato divino a dar mi vida por quienes amo, que son todos los salvadoreños, aún por aquellos que vayan a asesinarme.
Si llegaran a cumplirse las amenazas, desde ya ofrezco a Dios mi sangre por la redención y por la resurrección de El Salvador.
El martirio es una gracia de Dios que no creo merecer. Pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad.
Mi muerte, si es aceptada por Dios, sea por la liberación de mi pueblo y como un testimonio de esperanza en el futuro.
Puede decir usted, si llegasen a matarme, que perdono y bendigo a todos los que lo hagan. Ojalá, así, se convencieran que perderán su tiempo.
Un obispo morirá, pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás”.

Mons. Óscar Romero murió asesinado, pocos días después, durante la celebración de la misa en la capilla del hospital Divina Providencia.
Pronto será reconocida su santidad que su pueblo siempre ha sabido ver, y para nosotros es un gran testimonio de la semilla que dando su vida ha dado tanto fruto.
Que San Óscar Romero nos bendiga y nos anime como él, a dar vida allá donde estemos. Que sí sea.

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